Se sitúa en la orilla izquierda del río Alfambra, en un paisaje de plataformas
estructurales o muelas de yesos y calizas de tonos blanquecinos, como la de Santa Quiteria, y profundas ramblas de funcionamiento esporádico, de entre las que resaltan la rambla de Corbalán o de Santa María, con una gran cuenca de recepción y que discurre por el núcleo de población. El elemento paisajístico más curioso es justamente el que da nombre a la localidad, la presencia de cavidades, tanto naturales como artificiales, existentes en la pared de las formaciones yesíferas junto a las que está instalado el pueblo. Hace pocos años esas zonas de debilidad, así como la fisuración natural de la roca, su alta solubilidad y el socavado de la base del escarpe por la erosión fluvial, generaron un gran desprendimiento cuya cicatriz blanquecina aún puede notarse junto al río.